Por Anna Isabel Gil Wittke, psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja. Codirectora del Instituto de la Pareja
Cuando el deseo sexual baja, no se recupera con presión ni deber. Estas 3 claves te ayudan a entenderlo y empezar a reconstruirlo con calma y herramientas prácticas.
El deseo sexual no es estático, es normal que no siempre esté igual. El deseo sexual femenino puede bajar por muchos motivos, y cuando sucede, suele venir acompañado de preguntas difíciles: ¿Me pasa algo?, ¿Soy normal?, ¿Por qué a mí no me apetece? En consulta, esta dificultad es muy frecuente… y también de las más complejas de tratar.
En esta masterclass, Anna Gil Wittke comparte tres claves sencillas (pero muy potentes) para abordar el deseo sexual femenino cuando ha perdido ese esplendor que a la mujer le gustaría tener. Y lo mejor: son herramientas útiles tanto para profesionales como para mujeres que quieran entenderse mejor.

1. El deseo sólo aparece si la experiencia es agradable
Parece obvio, pero se olvida mucho: nadie desea repetir una experiencia que se siente desagradable. Y cuando hablamos de experiencia sexual no hablamos solo de penetración. Incluye todo el camino: la predisposición mental, la forma de iniciar, la seducción, el tono emocional… y lo que ocurre antes, durante y después.
Por eso, comentarios como ¿Sabes hace cuánto que no lo hacemos?, Mira cómo me tienes o No sé por qué nunca tienes ganas también forman parte de la experiencia sexual… y suelen ser profundamente anti-deseo.
Si además hay dolor físico (molestias, sangrado, picores, infecciones recurrentes), el cuerpo aprende a asociar sexo con malestar. En ese caso, intentar subir el deseo sin atender lo básico sería un error: no se puede desear lo que duele o incomoda.
Dos factores que Anna destaca como grandes potenciadores del deseo:
- Sentirse deseada: me deseas a mí, no necesitas desahogarte.
- Sentirse deseable: creer de verdad que soy digna de deseo (autoimagen, autoestima, diálogo interno).
2. Intervenir en la exigencia: menos deber, más decisión
Anna lo explica con una imagen muy clara: el deseo es tímido. No aparece cuando se le pone un foco encima con presión, reproches o evaluación.
Muchas mujeres llegan a consulta con una etiqueta interna: yo nunca tengo ganas, algo me pasa, soy la que menos ganas tiene. Y esa etiqueta, en lugar de ayudar, cronifica el problema.
Aquí hay un punto clave: confundir deseo con frecuencia. Puedes tener sexo a menudo y aun así sentir bajo deseo, porque el deseo no es hacerlo, sino la predisposición y apetencia. A veces el problema no está en el placer, sino en el arranque.
La propuesta es cambiar el marco:
- pasar de evaluación/examen a relajación/juego,
- y cuando no hay ganas, empezar desde la voluntad (decisión), no desde la obligación.
Porque obligarte suele alejarte más. En cambio, decidir desde un lugar amable (quiero probar, quiero conectar, quiero ver cómo me siento) permite crear algo esencial: una experiencia agradable almacenada en la memoria, que aumenta la probabilidad de repetir.
Y hay una pregunta terapéutica que lo mueve todo:
- ¿Por qué quieres recuperar tu deseo sexual?
Si la respuesta es solo miedo, deber o evitar conflicto, falta la pieza más importante: tú. El deseo se recupera mejor cuando la motivación incluye: lo quiero para mí, porque es parte de mí, porque quiero una sexualidad plena y libre.
3. Conocer cómo funciona el deseo: factores que lo construyen (y lo apagan)
El deseo no es un botón. Anna lo describe como un conjunto de factores que oscilan: personales, relacionales, orgánicos, de contexto… estado de ánimo, carga mental, rutina, etapa vital, relación de pareja, autoimagen, estrés, salud.
Por eso muchas parejas buscan el deseo con soluciones rápidas (cambios externos, juguetes, escapadas), y a veces en un hotel aparece. Pero no es que el deseo esté allí: es que suele haber menos carga mental, más predisposición, más seducción, más calma y más tiempo.
Otro punto importante: si una mujer siente que cualquier beso obliga a terminar en sexo con penetración, es normal que diga que no a todo, incluso a lo que sí podría disfrutar. Por eso es clave recuperar la intimidad sin presión: besos, caricias, juego, conexión… y poder parar sin reproches.
Y para avanzar de verdad, mejor una meta realista:
no buscar del 2 al 10, sino del 2 al 3. Un pasito más.

Si quieres seguir con un paso a paso (y aplicarlo en tu vida)
Si este tema te toca de cerca -o lo trabajas en consulta- te puede ayudar nuestro curso online:
Cómo recuperar el deseo sexual
Un curso creado por el Instituto de la Pareja para entender qué le pasa al deseo y cómo volver a activarlo, paso a paso.
Este curso nace del propio trabajo en consulta con mujeres y con parejas que tienen la misma queja no tengo ganas. Nuestro deseo es hacer accesibles los recursos necesarios para cuidar el deseo sexual a todas las mujeres que lo necesiten. Porque el conocimiento nos da la libertad de escoger lo mejor para nosotras.
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